COLOMBIA, 14 de octubre de 2026. En medio de lluvias y sin un motivo claro que aglutine a sus seguidores, las marchas convocadas por sectores de la izquierda colombiana el pasado miércoles registraron una baja participación y dispersión en varias ciudades, incluyendo Bogotá, donde la protesta terminó con un número reducido de manifestantes protegidos con paraguas ante el aguacero que cayó durante la jornada.
Las movilizaciones fueron convocadas en rechazo al gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, aunque los organizadores no establecieron un motivo específico para la protesta. A diferencia de 2021, cuando la oposición se movilizó masivamente contra la reforma tributaria del entonces presidente Iván Duque, en esta ocasión las marchas evidencian una oposición política con discursos fragmentados y sin un reclamo unificado.
En la Plaza de Bolívar, en Bogotá, algunos dirigentes del Pacto Histórico hicieron presencia. Entre ellos se destacaron la senadora Carolina Corcho y los exministros Germán Ávila y Daniel Rojas, además del exdirector de noticias de RTVC, William Parra. Sin embargo, los protagonistas políticos más visibles fueron el expresidente Gustavo Petro y el senador Iván Cepeda, quienes mostraron divergencias evidentes en el liderazgo opositor durante la jornada.
Iván Cepeda, durante la movilización, realizó acusaciones contra el gobierno sin aportar evidencias concretas, señalando al presidente de mantener un «mandato mafioso» supuestamente vinculado a sectores narcotraficantes y paramilitares. Por su parte, Gustavo Petro utilizó las protestas para aludir a una lucha por la «dignidad», y desde sus redes sociales mencionó la posibilidad de crecimiento en la movilización hasta una huelga general, iniciativa que busca desestabilizar al actual gobierno y abrir camino para un posible retorno de la izquierda al poder.
Cabe destacar que el expresidente Petro también enfrenta investigaciones relacionadas con presuntos casos de corrupción que involucran a su familia y allegados, situación que ha sido discutida públicamente y que podría influir en la dinámica de estas manifestaciones.
A lo largo de la jornada, se reportaron actos de vandalismo parciales perpetrados por algunos participantes, quienes realizaron grafitis en vías, fachadas y estaciones de transporte público, aunque no se registraron alteraciones graves al orden público ni enfrentamientos con la fuerza pública.
Desde la Casa de Nariño, el presidente Abelardo de la Espriella realizó seguimiento directo a las condiciones de las protestas, en particular ante el decreto que entró en vigor el martes y que busca garantizar manifestaciones pacíficas, con una respuesta decidida de las autoridades para sancionar cualquier acto de violencia o bloqueo que perturbe la tranquilidad ciudadana.
La baja asistencia a las marchas y la falta de un mensaje claro parecen reflejar un momento de desorganización y crisis en la oposición de izquierda en Colombia, que muestra divisiones internas amplificadas por la disputa entre líderes claves, mientras el gobierno mantiene sus esfuerzos en políticas de seguridad y gobernabilidad bajo un contexto de tensión política.
La jornada del miércoles fue además afectada por condiciones climáticas adversas que contribuyeron a la dispersión inmediata de los manifestantes, cerrando un capítulo de movilizaciones que, a diferencia de otras etapas recientes, no lograron un impacto masivo ni unificados.
Redacción ColombiaPrensa
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