Gobierno de Abelardo de la Espriella prioriza mano dura al estilo Bukele y posterga recortes fiscales al estilo Milei

Gobierno

COLOMBIA, 22 de septiembre de 2026. El presidente Abelardo de la Espriella ha focalizado su gobierno en una política de mano dura contra la criminalidad, inspirada en el modelo de Nayib Bukele en El Salvador, mientras aplaza la implementación de recortes fiscales similares a los propuestos por el economista argentino Javier Milei. Esta estrategia se refleja en la constante actualización pública de estadísticas sobre operativos judiciales, policiales y militares, que incluyen capturas, decomisos de armas y erradicación de cultivos ilícitos.

De la Espriella ha mantenido una comunicación detallada sobre las acciones de su administración en materia de seguridad. Según su reporte del 11 de septiembre, desde el 7 de agosto se registraron 17.692 capturas, incautación de 75.613 kilogramos de estupefacientes, retiro de 1.821 armas de fuego y erradicación de 1.590,4 hectáreas de coca. Estas cifras son difundidas cotidianamente en redes sociales para evidenciar la ofensiva constante contra el narcotráfico y la violencia.

Esta prioridad en seguridad se acompaña de un discurso que rechaza las negociaciones de paz, promoviendo en cambio la aplicación estricta de la ley a los grupos armados ilegales. En diversas ocasiones, De la Espriella ha mostrado públicamente resultados operativos como la presentación de cuerpos de criminales abatidos y el decomiso de armamento.

Recientemente, el gobierno levantó la suspensión al porte legal de armas, una medida que mantiene controles y permisos pero que rompe con la tendencia de los últimos años a restringir la circulación de armas para disminuir la violencia en zonas urbanas. Esta decisión ha generado debate debido a sus posibles impactos en la seguridad ciudadana, especialmente en ciudades como Cali y Bogotá, donde históricamente se han registrado bajas en muertes violentas.

En paralelo, las reformas fiscales con recortes al gasto público han sido postergadas. El ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, ha defendido ante el Congreso un aumento presupuestal, atribuyendo esta necesidad a la corrección de gastos omitidos en la administración anterior de Gustavo Petro. Sin embargo, esta estrategia ha generado críticas incluso en sectores afines al gobierno, que demandan claridad y presentación urgente de la Ley de Ajuste Fiscal para precisar el camino hacia la austeridad y el ordenamiento del gasto.

Durante la campaña presidencial, De la Espriella planteó eliminar cerca de la mitad de los ministerios, en línea con las propuestas de reducción del Estado de modelos liberales en América Latina, como los de Milei en Argentina. Sin embargo, hasta la fecha no se han efectuado recortes significativos ni presentado detalles claros sobre los ajustes futuros, lo cual ha generado discrepancias dentro de las bancadas políticas que apoyan al gobierno.

Otro aspecto que ha llamado la atención es la visible alianza con sectores religiosos, marcando un cambio respecto al secularismo tradicional en la política colombiana. De la Espriella ha incluido expresiones religiosas en sus comunicados oficiales, lo cual ha provocado reacciones en la opinión pública y en distintos sectores políticos.

La estrategia del presidente es entendida como una respuesta al aumento y diversificación de grupos armados ilegales en el país, que afectan tanto zonas rurales como urbanas. Al adoptar una postura más militarizada y pública frente a la seguridad, busca reforzar la sensación de protección entre la ciudadanía.

En materia de política exterior, cabe destacar el silencio oficial sobre recientes declaraciones de Estados Unidos en relación con operaciones militares conjuntas en territorio colombiano, un tema que requeriría aprobación del Congreso, según el marco legal nacional.

En resumen, el gobierno de Abelardo de la Espriella avanza con una política clara de mano dura, fortalecida por una comunicación constante sobre resultados en seguridad, mientras posterga reformas fiscales profundas y genera debate en torno a sus decisiones en materia de porte de armas y su relación con sectores religiosos. Esta combinación plantea un contexto político complejo tanto en el interior del país como en su proyección institucional.

Redacción ColombiaPrensa

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