COLOMBIA, 13 de julio de 2026. Colombia enfrenta un marcado contraste climático que afecta de manera significativa distintas regiones del país. Mientras el oriente colombiano vive una de las temporadas invernales más intensas en años, con inundaciones que dejan miles de familias damnificadas y graves daños, en la región Caribe se reportan temperaturas que superan los 40 grados, generando preocupación por los impactos en la salud pública y el suministro de agua.
En el departamento de Casanare, las lluvias han provocado un desastre natural de gran magnitud. De acuerdo con las autoridades departamentales, son más de 6.700 las familias afectadas en varios municipios, con San Luis de Palenque como uno de los más golpeados. Allí, cerca del 90 % del casco urbano quedó bajo las aguas debido a crecientes súbitas del río Pauto. Esta situación llevó a la Gobernación a declarar la calamidad pública departamental y coordinar esfuerzos con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) para la atención de la emergencia.
Además de San Luis de Palenque, otros municipios como La Salina, Sabanalarga, Nunchía y Maní enfrentan inundaciones, movimientos en masa, destrucción de vías y comunidades incomunicadas. Las autoridades trabajan en la recuperación de los sectores afectados, con especial atención en la restablecimiento de los servicios públicos y limpieza de zonas impactadas.
El director departamental de Gestión del Riesgo, Wilson Porras, informó que en La Salina una avenida torrencial agravó la emergencia tras días de lluvias intensas, afectando a tres familias y dañando la vía principal. Las entidades de socorro y la alcaldía ya iniciaron acciones para superar la crisis en ese municipio.
A pesar de que el nivel del agua en San Luis de Palenque ha disminuido considerablemente y un número importante de afectados ha retornado a sus hogares, los albergues temporales permanecen habilitados para quienes aún no pueden regresar. Las jornadas de limpieza se adelantan con la colaboración de entidades públicas, el Ejército y empresas privadas.
En otras zonas del oriente colombiano, el panorama también es delicado. Boyacá mantiene la calamidad pública por afectaciones en 22 municipios, mientras municipios como Güicán y Cubará permanecen incomunicados debido a daños en infraestructura vial. En Arauca, también se declaró calamidad pública tras crecientes súbitas y el colapso de un puente militar, lo que afecta importantes corredores viales que conectan con Casanare, Boyacá y Norte de Santander.
Por otro lado, el Caribe colombiano sufre una ola de calor que ha elevado la sensación térmica por encima de los 40 grados en ciudades como Valledupar, Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. En Valledupar, la población ha buscado diversas formas de mitigar el intenso calor, desde el uso de varios ventiladores hasta humedecer toallas para aliviar el bochorno.
Las autoridades sanitarias recomiendan extremar precauciones para prevenir deshidratación y golpes de calor, especialmente en adultos mayores, niños menores de cuatro años, mujeres en embarazo y personas con enfermedades crónicas. También se ha alertado sobre el impacto de las altas temperaturas en la fauna en condición de calle.
En Cartagena, aunque las temperaturas alcanzan entre 32 y 33 grados, la alta humedad aumenta la sensación térmica hasta 40 grados. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) mantiene alertas para la región Caribe debido a condiciones atmosféricas extremas, que afectan tanto a residentes como a turistas.
En Barranquilla, la Secretaría de Salud ha pedido evitar la exposición directa al sol en horas críticas y la Oficina de Gestión del Riesgo ha recomendado medidas para evitar incendios forestales tras varios reportes en la ciudad, incluyendo la protección del Parque Isla Salamanca. El uso permanente de ventiladores y aires acondicionados ha incrementado el consumo energético en varias ciudades.
Santa Marta enfrenta una situación ambiental preocupante. El Distrito declaró la calamidad pública ante las temperaturas que alcanzaron 37,2 grados y una sensación térmica cercana a los 45 grados sostenida durante semanas, sumado a un descenso preocupante en las fuentes hídricas para la ciudad. Se advierte sobre la posibilidad de que este fenómeno derive en crisis sanitaria, ambiental y de abastecimiento durante el segundo semestre del año.
Expertos consultados indican que estos fenómenos coexistentes son compatibles bajo el contexto del fenómeno de El Niño, que modifica la dinámica climática del país. En regiones como Casanare y la Orinoquía, pueden ocurrir episodios de lluvias intensas durante la temporada invernal debido a sistemas atmosféricos asociados, mientras que en el Caribe se experimenta un aumento de temperaturas y reducción en las precipitaciones.
La coyuntura climática actual demanda atención coordinada entre las entidades territoriales, el Gobierno Nacional y la ciudadanía para mitigar los impactos en infraestructura, salud y medio ambiente, adaptándose a un escenario que pone a prueba la gestión del riesgo y la resiliencia de las comunidades afectadas.
Redacción ColombiaPrensa
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