Abelardo de la Espriella adopta en Colombia estrategias de la ultraderecha continental

Gobierno

COLOMBIA, 23 de octubre de 2026. Desde su asunción en agosto de 2026, el presidente Abelardo de la Espriella ha implementado en Colombia una serie de políticas y estrategias que, según análisis políticos, recuerdan las prácticas de mandatos de líderes ultraderechistas en América, entre ellos Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei.

El mandatario ha puesto especial énfasis en la seguridad, anunciando diariamente en redes sociales operaciones que incluyen incautaciones, capturas y enfrentamientos con grupos armados ilegales y criminales. Ha promovido una postura de “mano dura” apoyada en el uso de la fuerza y la ley. Ejemplos destacados han sido la exhibición pública de operativos en la ciudad de Santa Marta y el anuncio de la construcción de hasta seis megacárceles, iniciativa inspirada en el presidente salvadoreño.

En lo comunicativo, De la Espriella ha centralizado la información gubernamental, siendo la principal e incluso única fuente para reportar actividades y decisiones estatales. Solo permite declaraciones oficiales con su autorización, y en las semanas de gobierno no ha brindado ruedas de prensa ni entrevistas con espacio para preguntas, lo que ha suscitado debates sobre transparencia y rendición de cuentas.

El presidente ha manifestado críticas abiertas hacia la oposición política, especialmente contra el Pacto Histórico, partido de izquierda que lideró el expresidente Gustavo Petro entre 2022 y 2026, responsabilizándolos por problemas fiscales y corrupción. Este discurso coincide con las prácticas de confrontación política observadas en otros gobiernos de ultraderecha.

En materia internacional, De la Espriella ha reafirmado su alineamiento con Estados Unidos, incorporándose a la Alianza para la Seguridad en las Américas y avanzando en la revisión de compromisos con la Corte Penal Internacional. Por otro lado, ha traslado la embajada colombiana en Israel a Jerusalén y reconoce la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, una postura más extensa que la de otros mandatarios regionales similares.

El gabinete presidencial incluye a un número significativo de representantes evangélicos, y en discursos oficiales se ha adoptado el uso de símbolos y expresiones cristianas, prácticas que han generado cuestionamientos sobre la separación entre Estado y religión.

En lo presupuestal, el gobierno ha avanzado en la reducción del gasto público, con recortes significativos en áreas como la Justicia Especial para la Paz y el Ministerio de la Igualdad y la Equidad, además de ajustar gastos en contratistas, burocracia y subsidios sociales, cumpliendo con una promesa de campaña que proponía una disminución del 40 % en el gasto estatal.

De la Espriella ha anunciado además una “contrarrevolución cultural” para combatir lo que identifica como “wokismo” en las instituciones públicas, generando polémicas que incluyen el retiro temporal de piezas del Museo Nacional y protestas en el sector cultural. Estas acciones han sido comparadas con iniciativas de censura promovidas durante gobiernos ultraderechistas en otros países.

Respecto a la migración irregular, el presidente manifestó desde los primeros días de gobierno la intención de identificar y deportar a inmigrantes en situación irregular. Aunque se han realizado operativos en varias ciudades, el tema no ha tenido un despliegue prioritario en la agenda gubernamental.

Finalmente, De la Espriella ha adoptado una retórica que rechaza a la clase política tradicional, con discursos orientados a la “ruptura” del sistema y medidas poco ortodoxas, incluyendo acusaciones directas de corrupción a dirigentes regionales frente a medios de comunicación.

Por último, el presidente anunció que en breve presentará una delimitación de los territorios marítimos en el Caribe colombiano, incluyendo islotes y arrecifes del archipiélago de San Andrés, lo que podría reactivar tensiones históricas con Nicaragua.

Estas acciones y posturas ponen en evidencia un modelo político que replica en gran medida varios elementos característicos de los gobiernos ultraderechistas en América Latina y Estados Unidos.

Redacción ColombiaPrensa

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